About

Fui hija única de una segunda relación de mi padre. Él era 30 años mayor que mi madre y ya tenía 5 hijos. Mi contacto con ellos nunca fue demasiado cercana mientras fui niña. Para mi eran seres míticos – de la edad de mi madre- que sólo podía ver en contadas ocasiones festivas, cuando me dejaban algún libro o recuerdo que yo atesoraba con mi vida. Con el paso de los años – y la muerte de mi padre- me vinculé  en algunas ocasiones con el mayor de todos. Hoy tiene ochenta y seis años y se conserva en perfecto estado.

A raíz de los recuerdos de este hermano, siempre sentí que sería bueno hacer algo con las cartas o fotos de nuestro padre.

Por otra parte, mientras miraba hace unos días, por segunda vez, el documental “Descubriendo a Vivien Maier”, pensé que era maravilloso el hecho de que alguien se diera el trabajo de mostrar la obra de esta extraña mujer. Entonces ….nuevamente volví a mi padre- Miguel Rogers Cavero– un artista de alma que nunca tuvo la oportunidad de demostrarlo. Recuerdo que tocaba violín – no muy bien, según mi hermano- y que amaba la ópera, pero por sobre todo, viene a mi memoria su fascinación por la fotografía. Él fotografiaba todo, en una época en que había que saber algo más que apretar el obturador. Tenía aparatos para medir la luz, la distancia y pasaba muchos minutos antes de encontrar el ángulo perfecto para registrar su objetivo (Lo puedo asegurar por experiencia propia. Durante los años de mi infancia, los 70′, pasé posando la mitad del tiempo para él).

No conforme con lo anterior, él mismo obtenía el producto final trabajando en ampliadoras que fabricaba con tarros de leche Nido. Y no sólo las fabricaba y las utilizaba ¡también las vendía!

Toda esta introducción es para que, si aparece alguien por estos lados, entienda que este blog es un homenaje a lo que mi padre amaba, para que no se pierda ahora que comienzan a desvanecerse los colores originales. Mary Rogers G.

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